viernes, 16 de junio de 2017

Carne, huesos y tú.





Mira que me lo advirtieron. Anduve tras sus pasos. Le busqué en las calles y en sitios malditos. Creí tenerle a mis pies, pero andaba en busca de sumar otra, a su larga lista de estúpidas. Bastó un te quiero para que me rindiera. Cada gesto, cada suspiro, eran anotados a fuego en mi pecho, recorrían mi carne, mi sangre, sin darme cuenta de la burla entre sus piernas. Dibujé corazones en mis sábanas  de un hilo cualquiera y como una cualquiera me sentí en cada despedida de excusas tramadas. Mira que me lo advirtieron. ¡Maldito caso! Busqué una salida, barrida por la tristeza, a esa telaraña en la que estaba atrapada: Su piel; cementerio de desamores. Sus ojos; falsos epitafios que con lástima leímos todas. Su boca; veneno sin antídoto en la mía cerrada, abierta a su lengua  sin defensa. Entonces asesiné mi sutileza, la calidez de las caricias, los besos hasta hinchar los labios, los orgasmos hasta mojar la cama y me concedí el premio a la mejor actriz. Ya no busco unas manos que me sostengan, ni un amor que me tenga entusiasmada. Parpadeo,  se alejan y les tiembla la voz y lo entiendo, ¡claro que lo entiendo! Porque he aprendido a jugar sucio para que nadie olvide que soy de carne, pero también de hueso.

2 comentarios:

  1. Ayer me lo decía una persona a la que quiero un montón: Tenía que haber sido más mala en la vida. Y es que le han pagado de tal manera ...!

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    1. Esas "buenas intenciones" no son tan fáciles de cumplir por mucho que lo intentes. Creo que se nace, no se hace.

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