sábado, 25 de marzo de 2017

Julián

Lanzaba cada día el biberón desde su cuna al terminar el desayuno y el resto de leche y gofio se extendía por toda la habitación. Sonreía agradecido mientras yo le miraba aguantando la risa con cara de enfado y él babeaba el último sorbo. Le tomaba en brazos y cruzábamos las miradas retándonos a ver quién reía primero, guardaba el eructo para ese instante, ese del cara a cara en que jugábamos a ver quien se quería más, y volvía a sonreír. Mientras le lavaba la cara, en el lavamanos,  le soltaba el sermón del “eso no se hace” pero él metía sus manos hasta el codo mojando todo lo que pillaba. Luego le cambiaba diciéndole que algún día mis nietos le harían lo mismo y le abrazaba suspirando en su cuello, queriendo atrapar en mis pulmones su aroma a mi niño. Durante todo el tiempo solo sentía ganas de abrazarle. Ayer me sentí mareada y me ayudó a sentarme.


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