domingo, 30 de septiembre de 2018

Y entonces


Y entonces, qué haces entonces…
No sabes si salir o quedarte…
Si morir o matarte…
Si pensarle a posta o sin querer…
Si encender o apagarte…

Pero sientes el impulso de seguir adelante, por mucho que te arrastre el atrás.
Y así lo hice. Salí, anduve; llorando como a gotas impertinentes, moqueando pañuelos, irritando mis ojos que no paraban de llover…con una mano en el pecho que me aplastaba y me empujaba al ayer. Y entré en aquel bar y pedí las copas que quedaron pendientes y entonces me dijo “vamos” y aquella mano en mi pecho cayó desplomada butaca abajo; del me muero, a mis pies… y entonces.



Buenos días.


Pensé en tus labios benignos y fugaces, justo cuando se despertó la mañana con esos ojitos  hinchados y llenos de luz que suelen tener las mañanas de septiembre. Noté la lluvia con olor a  gris, a yerba, a nada de ti…Entonces dejé de escribir en mi pecho. No me gustan los poemas ñoños, ni faltos de rabia, que solo se conjugan con el verbo doler, pletóricos de emociones dislocadas, ni tampoco las palabras; fugaces, ni benignos, -nada lo es-, cuando se refieren al misterio de tus fauces que ponen límites tajantes al  alba, en el que cada mañana… pierdo la magia al antojo de un dios indiferente. Ya si eso…luego se me pasa.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Sábanas vacías

Le dio por consultar con la almohada y esta le puso la otra mejilla. Las sábanas se acaloraban entre sus muslos y no le dejaban dormir. Se levantó y buscó distraerse entre letras. No pegó ojo aquella noche. Lo que pasó fue que se alejó de aquella maldita mujer, pero olvidó despedirse de la poeta.


miércoles, 26 de septiembre de 2018

DULCES SUEÑOS.




Alcé mis ojos y pude comprobar que la noria rozaba el cielo, que había mucha gente pequeñita en lo alto que se hacía grande en la bajada. Que algunas parejas bajaban besándose y otras subían abrazadas. Que los de atrás jugaban a alcanzar a los de delante.
– ¿No subes? –me dijo aquel chico mirando el puñado de tiques sin estrenar que yo llevaba en la mano.
–No, soy muy pequeñita y no me lo permiten.
–Hay atracciones también para ti
–Sí. Lo sé.
Me subí al caballito mientras él se alejaba mirando hacia atrás sonriéndome con un guiño mágico. Giré y giré montada en aquella fiera estática de color blanco que me llevaba al galope soportando mi delicado cuerpecito sobre su lomo sin dejarme caer. Agarrada a las riendas plateadas intentado alcanzar al caballo que iba primero no me importaba ir tan atrás, ni tan lenta, lo importante era la maravillosa carrera.
Cuando terminé de girar en el tiovivo  me senté en un banco y volví a verle. Él gritaba y reía desde la montaña rusa levantando los brazos en las más peligrosas curvas. Me dio un vuelco el corazón de pensar que podría caer pero se me pasó rápido, porque también pensaba en lo bien que se lo estaba pasando y que cuando yo creciera haría lo mismo, podría subir a cualquier atracción  ya que mi tamaño no sería un problema… Sin darme cuenta sonreía de nuevo e incluso carcajeaba al escuchar sus gritos.
Poco después me fui al puesto del algodón de azúcar y me permití uno. Iba tomándolo despacio, sintiendo su nube rosa, espumosa y delicada en mi boca, chupeteando mis dedos, viendo  cada atracción y la reacción de la gente. Los niños gritaban “mami mira” desde las sillitas giratorias, las parejas se besaban en la noria, se escuchaban los gritos que salían de la casa del terror –ahí volví a carcajear algo nerviosa–, los disparos de escopetas de balines, las tómbolas… Puse una moneda en la máquina de la fortuna y salió una tarjetita que guardé en mi bolsillo para leerla en otro momento porque no podía dejar de mirar todo lo que acontecía a mi alrededor…Olía a caramelo, a castañas y carbón, a roscas de fresa…a la entrada del otoño.
Entonces volvió a aparecer.
–Ven, dame la mano.
– ¿Qué?
– ¡Vamos!Dame la mano.
Le di la mano sin soltar de la otra el palito del algodón de azúcar que se iba rozando por las ropas de toda la gente mientras él tiraba de mí con entusiasmo sin tener en cuenta mis cortos pasitos.
–Ahí no podré subir.
–Sí que podrás
–Viene conmigo, –le dijo muy serio al feriante que ya tenía preparado el argumento del por qué alguien tan pequeño no podía subir sola a la atracción.
Yo temblaba de emoción y algo de miedo. Nos pusieron el cinturón de seguridad. Las barras bajaron lentamente hasta depositarse a la altura de nuestros muslos. Mi respiración era un disparate y mi corazón tenía prisa por dar la orden de avanzar. El vagón comenzó a moverse por aquella vía recta. Él pasó su brazo sobre mis hombros y apretó su mano acercándome más a su cuerpo a modo de protección. Me miró a los ojos con un brillo verde mágico sonriendo. Entonces empezamos a subir lentamente, lentamente, lentamente…
Su mano en mi hombro comenzó a  zarandearme.
–Señora, señora. ¿Se encuentra bien?
 Abrí los ojos y noté que algo  tiraba de mi pelo. Era el palito del algodón de azúcar pegado entre mi cabello y el banco del parque.
–Sí gracias agente.
– ¿Quiere que avise a alguien?
– ¡No por dios!..., estoy bien, gracias. Seguro que me quedé dormida. Dos litros de sangre dispuestos a hacer mi digestión de chuches… Ya sabe.

Me puse en pie, recogí las cáscaras de castañas y las amontoné cuidadosamente dejándolas caer sobre el papel blanco en el que me las habían servido y puse el palito del algodón de azúcar encima con cuidado de no manchar el banco con los restos. Tomé un sorbo de agua. Saqué servilletas húmedas y limpie mi cara y mi pelo. Metí la mano en el bolsillo y sin mirarla, pegue al palito la tarjeta que había sacado de la máquina de la fortuna. Me crucé el bolso como siempre y como siempre tiré todo a la papelera del parque…y me fui a casa.



Imagen sacada de a Web.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Qué idiota


Los idiotas estamos de moda. Comemos sano lo primero que se nos viene a la boca, respiramos sano ese cilindro alquitranado con la excusa de que nos calma. Bebemos sano zumo de uva o cebada o de cualquier guarrada que nos quite la sed, o la rabia des alcoholizada. Los idiotas estamos y siempre estaremos de moda, gastamos mucho en poner en duda el sentido común y poco en poner entre dudas las dudas. Los idiotas vamos a pie de relato en relato y nos gusta pasar el rato con nuestros amigos tan o más idiotas que nosotros, << ¡Más lindos… qué idiotas!>>. Los idiotas nos desvelamos durante el día y prendemos fuego a las noches apagándolas con saliva o lágrimas, o cualquier fluido inflamable que deje constancia de nuestras heridas. Nos enamoramos, nos reímos, nos manchamos y marchamos <<y volvemos>> nos engañan y tropezamos como reverendísimos idiotas. Mira que los idiotas no vamos por ahí diciendo que somos más listos ni menos cobardes, porque somos un poco las dos partes. Llámame idiota, que yo siempre me la juego sanamente aunque el tiro por la culata me toque en segunda base, porque el mundo literal es tan difícil… que me prefiero la idiota entre las idiotas, exponiéndome a que pase lo que pase, porque si no, no lo haces.

sábado, 8 de septiembre de 2018

VA POR TI


Quieres llevarme a tu mundo y repasar todas tus excusas –la ilusión de mi vida-. Quieres explicarte el por qué no debo quedarme. Explicarte porqué sientes que te invado. Explicarte a ti mismo, en voz alta, a cámara lenta y con banda sonora –que es como se explican los protagonistas- una y otra vez qué fue, cómo y dónde latiste tan rápido o paraste tan lento.  A mí me da igual.  De veras. No me importa cómo sufriste más que nadie, ni cómo te partieron en tres y andas por el mundo buscando tu última parte.  Quién te dijo que puedes bajarme de mi infierno y sin salir ileso derrapando en la curva de algún cielo. A mí que me secuestraron los huesos y los conjugaron también en pluscuanperfecto partido. A mí que nunca me llevaron flores a sus cementerios improvisados. A mí que me educaron a la moda, al gusto, al oído y al esto es lo que toca, y un día dije que ni cuerda ni loca. Dime quién puede sacarme de mi infierno y poner fronteras donde jamás se divisó un horizonte. Explícatelo, que cuando te lo expliques  más, lo entenderé menos.

Qué cosas.