martes, 5 de marzo de 2019

Señor abogado




Aquí le dejo mi confesión. No alego enajenación, le juro que fue pasión, que fue el impulso de amar. Acepte usted mi litigio y pida a Su Señoría, que le ruego y le suplico me juzgue con compasión y tenga en cuenta mis motivos, que por amor ese día fui culpable o inocente de este supuesto delito.
Sólo quise imaginarle, entre mis sueños le vi, enredado entre sus sábanas, me colé entre sus olvidos. Entonces su calidez…su aroma.
-¡Dios que bien huele! - su piel tersa ¡aquella noche! el deseo de poseerle, el saberle adormecido, -su presencia es que me puede- se apoderaron de mí.
Él estaba boca abajo, a traición y por la espalda, mi plan A era perfecto, con el B yo no contaba. Le observé desde la puerta; una pierna extendida, la otra que se inclinaba. Besé despacio sus pies rozando con mi mejilla, acaricié con mis manos, tramo a tramo le estudiaba. Memoricé el recorrido. Deleitándome. Despacio. Sin prisas. Sin apartar la mirada.

– ¡Sh! No te muevas –le dije.
– ¿Me dejarás dormir?
–No –respondí con cariño.
¡Juro por Dios que fue así!
Primera pausa en sus muslos -se lo tengo que decir- y la culpable mi boca que se abrió paso en sus piernas, se enjuagaba juguetona, ¿y su cómplice?...mi lengua. ¡Ahí, sí ahí! donde nunca había estado y se muere por morir. Se estremecía, pude notarlo, pude escucharle gemir.
Él me pidió que parara suplicando que siguiera y al ofrecerme su pecho no lo pude resistir. Enloquecí entre sus piernas saboreando sus jugos, babeando entre las mías…mi cuerpo estaba desnudo. Yo me arrastré sobre el suyo buscando 
y lo conseguí. Que conste le noté inseguro, pero segura de mí, mis dedos juguetearon entre su sexo oportuno. Él me ofreció resistencia suplicando retirada
¡Suplicando me rindiera! Y me tomó entre sus brazos rogándome que siguiera.
Sus manos firmes de hombre en las mías delicadas, se amotinaron seguras se unieron en la bajada. Hasta ahí, ¡sí, ahí! donde él quería y reclamaba, pude encontrar la lujuria, la locura y mi coartada.

Dígale usted letrado:
Que le espero entre mis sueños y en mis letras descaradas, en lo erótico de cada coma y en mis esperanzas acabadas.

PD: Señor Letrado:
Si él supiera cuánto le amo ¡que no! no es la vez primera…no dudaría un instante en declararse culpable. Que sé que cierra los ojos mientras se abre a la entrega, del deseo incontrolable de esta; su prisionera.

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