viernes, 21 de junio de 2019

A tu pregunta


Disculpa mi tardanza y tu estar extrañándome, pero, es que a no sé cuantos quizás por hora me fui de la sábana equivocada. Salí, así como quien no quiere la cosa, y me vi como una perra olfateando una pista. Por el camino encontré  el oxigeno que avivó mi fuego. Dejando a un lado de la primera caricia al ego, abrí la puerta al miedo que tenía miedo; a quererme, complacerme, tenerme, follarme y hacerme el amor –me da igual el orden–  y a ponerse en mis zapatos. La risa se quitó la  camisa de fuerza y con los ojos como platos  me miró y en un arrebato me besó con esos besos torpes de primeriza, sin saber que yo ya venía con la boca partida pero le importó un carajo. Ahora nos besamos aprendiéndonos hasta que rugen las venas. He comenzado ordenadamente por su cara y ya voy –después de tantos meses– por la segunda pestaña. Así que a tu pregunta ahora que te extraña, diré que he estado muy ocupada... enamorándome.



sábado, 15 de junio de 2019

Eso ya lo sabes


Cuando  pasaste página dijiste a todos: lo siento, no me veo, adiós, y te fuiste a su cama.
Nunca te dije que si el desamor nos duele, más nos duele la traición. Imagino que eso ya lo sabes.
Que duele el corazón, que te partan la voz en dos, que no entiendas qué pasó. Te alejaste y yo jamás me moví del sito.
Anda y diles: que esperando tu regreso alguien tomó mis pedazos y lamiendo con saliva los pegó  -del desprecio a la herida-.
Que hay amores que duelen un tiempo… o toda la vida.
Ahora diles: que duele el corazón, que te partan la voz en dos, que no entiendes qué pasó… Lo siento, no me veo, adiós. Imagino que eso…ya lo sabes.


https://www.youtube.com/watch?v=AaLIvfR6Tw0

viernes, 7 de junio de 2019

Ahora que caigo


 Terminó la pieza y la felicidad iluminó el salón de baile. Me senté a esperar la siguiente observando cómo bailaban los demás, ilusionada porque ya había salido la luna y quizás era el momento de mirarnos a la cara. Sentía que los cometas celestes se habían alejado del sol para sintonizar la noche. Quería preguntarte qué era aquello que te hacía sonreír al mirar atrás mientras bailábamos. Qué fue lo que te amargó tanto que te cerraba y te hacía bajar, o subir, sin más, del escalón de la felicidad. Entonces la soledad pronunció mi nombre y clavando su vista en mis ojos, me dio un abrazo apasionado, de esos que son recordados, pidiéndome todos los bailes que sonaron hasta el final. Se apagaron las luces. Miré al vacío de todos mis lados y no estabas. Recogí mi amor y lo até a mi espalda. Los recuerdos se quedaron colgados entre un <<no pasa nada>> y la diagonal hacia ninguna parte de mi mirada. Allí te dejé un regalo; mi ausencia. Conste que no fue la astucia, ni la venganza <<ellas no fueron invitadas al baile>> fueron mis estúpidas ganas de echar a llorar.
El camino de vuelta era tan largo que… tomé en las manos mis  zapatos de cristal desandado el camino a casa.
Durante mucho tiempo me di duchas nocturnas de algo parecido al mar que escocían la piel y los <<volverá>> pensando en los cometas…y en ti; son rocas de hielo que giran alrededor del sol y…
 Mi ausencia continúo en aquel paquete bien decorado en espera; un regalo pequeño, quizás, que jamás abriste hasta hoy <<seguro está caducado>> que vuelves tomando el turno de mi compañera de baile desde aquel entonces. Mientras tanto, bailo por bailar y tu mirada se esconde y no sé qué sentir, o sí,  o yo qué sé…  lo sabré el día que te atrevas  a mirarme a la cara –cuando estemos vestidos- o, ahora que caigo, en  el instante en el que al fin te atrevas a pronunciar mi nombre.



jueves, 6 de junio de 2019

Ella misma


Una poeta no muere de tristeza –a mí me lo van a decir–, amanece respirando soles, trasnocha con la luna y ni aún así, se siente satisfecha hasta que muere de amores.
Una poeta se pierde a posta y sin querer –si lo sé yo–, en la colección de heridas
que alumbran unos ojos hasta que se encuentra en las simplezas.
Una poeta no se distrae con la paja del ojo ajeno –te lo aseguro–, siempre encuentra una espina en una parte de su cuerpo que jamás sintió y entonces irremediablemente escribe.
Una poeta no se rinde –qué va–, a menos que sea a las puertas de su musa hincando la rodilla en su ascenso al declive.
Una poeta nunca se despide del todo –ya te digo–, porque la palabra adiós jamás será la última… tambaleante hasta un pronto.
Una poeta no desaparece si no la lees –cómo decirte–, desaparece cuando no escribe todo lo que acontece y ahí muere, ignorada por el ser más frágil que ha conocido.





martes, 4 de junio de 2019

Y qué de ti.

         Me amaron mal, una vez y dos y cien.
           Lloré con las canciones que hablaron de mí.
      Escribí historias que jamás me sucedieron.
           La perfección jamás me sedujo.
                Amé mal, cuatro, cinco y setenta veces siente.
             Me dedicaron canciones que no merecí.
            Escribieron mi historia sin saberlo.
            Adoré la imperfección por descontado.
     Y apareciste tú.
      Como aparece la peor de las noticias.
  Como quien recibe una multa.
  Como quien pierde las llaves.
 Como cuando se me hace una carrera en la media
  o como cuando me muerdo la lengua.
   Entonces rompí el peor de mis poemas
  en pedacitos pequeños
  para que jamás supieras de mi pasado.
Lo único que sé es que nunca quise a nadie que estuviera tan roto.  

I+D

Hoy empieza mi venganza. Me vengaré de todos los que se han reído de mí desde mi niñez hasta el día de hoy, señalándome con el dedo por llevar la vida que me obligaron a seguir; vistiendo a su gusto y moda, sin tener en cuenta que adecentarme me ridiculizaba. Regalándome muñecas en el día más apostólico. Fajando mis pechos, cerrando mis piernas, cruzando los brazos, y la cara. Nunca fui dócil, ni dulce ni musa y por ser como soy, me niego a seguir con su matriarcado. Hoy su campo santo grita y se retuerce porque no soy digna de su tierra ni sus rezos a mi alma en pena. ¡Hipócritas! Hoy empieza mi venganza.¡Sí! : mientras deciden si me declaran santa me mantengo “ahí”, a la espera de sus recicladas conciencias.

lunes, 3 de junio de 2019

Bienaventurada


 Tiró de mi mano; olor a lejía, manchas de azafrán, uñas destrozadas, callos cansados; del roce continuo del palo de la fregona,  amenazando con una rama de romero a cambio de veinte duros. Miró mi mano. Se marchó deseándome suerte sin cobrar por su cara de asombro. Busqué sombra en Galerías Preciados oliendo el romero fresco. Miré mis manos como lo hago ahora, y cada vez que la recuerdo, esperando un sentido a la cara de aquella mujer que me miró con lástima.