Yo creo que en los sueños y en las pesadillas, hay que creer, porque de alguna manera –inexplicable–,
esas historias son más reales que nuestra vida cotidiana. Con esa premisa
comienzo esta historia:
Yo era joven, no una anciana como ahora que vive de
recuerdos y casi no da dos pasos sin preguntarse por qué dio el primero –jamás
pasé la fase del por qué–. Escuché, en el sueño, una voz en of que dijo, Para ocurrir
hay que estar dispuesto a perderse y encontrarse. ¿Quieres ocurrir?
Entonces vi que dos caminos; Perder y Encontrar, charlaban mientras
leían las noticias del periódico.
–Y
entonces emprendieron el viaje hacia la Ciudad Sumergida... Y ocurrieron. Me
gusta el caminante que quiere ocurrir –dijo Perder desmoñado.
–¿Sabes, Perder? Tengo la sensación de que la
gente me empuja al éxito saltándose el ocurrir. No sé por qué me eligen.
–Yo tampoco. Deberían elegirme a mí, que soy el
mejor.
–Sí. Ya. Perderse es lo mejor, con tu eslogan de “el
camino vale lo que estás dispuesto a pagar por él.
–Anda… porque Encontrar, con “tus pasos de cebra
para no ser atropellados por los principios” son de lo mejorcito.
Mientras discutían intenté hablar con ellos con la
intención de preguntarles qué camino seguir… pero ni caso. Así que me senté
observando y escuchando, intentando decidir qué camino tomar. Y ahí seguían los
dos, erre que erre, pasando las páginas del periódico:
– Aquí dice que tener pasos andados no te garantiza
la experiencia “un puesto” con final feliz, porque el camino será el mismo.
–Cierto, cierto, querido Encontrar.
– Pero no quienes lo transitan.
–Si el Universo está en cambio continuo imagina
nosotros…somos caminos por andar.
–Y por desandar querido Perder.
–No, no. Se hace camino al…Ja, ja, ja.
Entonces se quedaron callados, y con un tono
nostálgico…:
–Encontrar. Ayer una pareja comenzó mi camino por
separado.
–¿Y cómo van?
–Discutiendo. Creen que siempre estaremos aquí –dijo
Perder chasqueando la lengua.
–Ya encontraron al niño que se perdió a mitad de mí –gritó de alegría Encontrar.
–Eso es buena noticia Encontrar. Un maravilloso
ocurrir.
–¿Sabrán todos estos que al fin del camino solo está
el fin?
Entonces se me quedaron mirando diciendo:
–¡Ah, hola caminante! ¿Qué tal… te atreves?
-Sí… claro… No tengo prisa en meter la pata. Lo que
realmente quiero… es ocurrir –dije torpemente.
Jamás he despertado.